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Terapia ocupacional a domicilio

¿Que es la terapia ocupacional?

La Terapia Ocupacional es una profesión socio-sanitaria cuya finalidad principal es promover la autonomía y mejorar la calidad de vida de las personas mediante el uso terapéutico de la ocupación. La intervención parte de una valoración especializada que permite diseñar e implementar un plan de tratamiento individualizado y adaptado a las necesidades de cada persona.
El terapeuta ocupacional utiliza la actividad como herramienta terapéutica para la prevención de la enfermedad y/o la diversidad funcional, el mantenimiento de la salud y la recuperación o compensación de la funcionalidad en las áreas de autocuidado (vestido, higiene, alimentación, entre otras), así como en los ámbitos laboral, educativo, lúdico y de ocio, cuando existen dificultades de carácter físico, cognitivo y/o sensorial.
Asimismo, evalúa los factores contextuales que pueden influir en la participación de la persona en sus actividades de la vida diaria, teniendo en cuenta las barreras arquitectónicas, las condiciones de accesibilidad y posibles situaciones de exclusión social. A partir de esta valoración, propone adaptaciones o modificaciones del entorno con el objetivo de favorecer la participación y alcanzar el mayor grado de independencia posible.

Funciones del terapeuta ocupacional

  • Valoramos el desarrollo del niño en su propio entorno, observando cómo se desenvuelve en casa.
  • Detectamos dificultades en autonomía (vestido, alimentación, higiene, juego, aprendizaje y regulación emocional.
  • Diseñamos planes de intervención individualizados, adaptados a sus necesidades y a la dinámica familiar.
  • Trabajamos a través del juego terapéutico, potenciando habilidades motoras, sensoriales, cognitivas y sociales.
  • Fomentamos la autonomía en las rutinas diarias, dentro de su contexto real.
  • Adaptamos el entorno del hogar para favorecer su participación e independencia.
  • Acompañamos y asesoramos a las familias, ofreciendo herramientas prácticas para el día a día.

¿Que es la integración sensorial?

Durante el desarrollo evolutivo de los niños pueden aparecer dificultades en el procesamiento sensorial que, aunque no siempre resultan evidentes, pueden tener un impacto significativo en su vida diaria.

La integración sensorial es un proceso neurológico que se produce de forma automática en la mayoría de las personas, lo que hace que normalmente no seamos conscientes de ello. Sin embargo, cuando este proceso no funciona de manera adecuada, pueden aparecer dificultades que afectan al comportamiento, al aprendizaje y a la participación en las actividades cotidianas.

A menudo no resulta sencillo identificar que un déficit en el procesamiento sensorial pueda estar detrás de conductas como el rechazo a determinados alimentos, la negativa a vestirse con ciertos tejidos o la evitación de determinadas experiencias. Por ello, si las dificultades no son muy evidentes, pueden pasar desapercibidas para quienes no están especializados en su detección, generando malestar y limitaciones en el día a día del niño.

La teoría de la Integración Sensorial

La teoría de la integración sensorial (IS) fue desarrollada en Estados Unidos en la década de los 60 por la terapeuta ocupacional Jean Ayres.

La teoría describe a la integración sensorial como un proceso neurológico que integra y organiza todas las sensaciones que experimentamos de nuestro cuerpo y del exterior y nos permite generar una respuesta adaptada a las demandas del entorno.

La información sensorial llega al Sistema Nervioso Central (SNC) en donde se procesa mediante cuatro etapas: registro, modulación/regulación, discriminación e integración.

Sin embargo, cuando hay disfunción, el cerebro no procesa u organiza el flujo de impulsos sensoriales que aportan al individuo información adecuada sobre sí mismo y el mundo que le rodea. Y cuando esto sucede, tampoco dirige eficazmente el comportamiento.

Esta teoría es llevada a cabo exclusivamente por terapeutas ocupacionales con formación certificada en la teoría y tratamiento en integración sensorial.

¿A quién va dirigida la intervención?

No todos los peques con dificultades de aprendizaje, comportamiento o desarrollo presentan una disfunción de integración sensorial subyacente. Sin embargo, existen ciertos indicadores que pueden orientar a las familias sobre la posible presencia de un trastorno del procesamiento sensorial.

  • Hipersensibilidad sensorial (Táctil, auditiva, olfativa, visual, vestibular o propioceptiva)

    Puede manifestarse a través de irritabilidad o rechazo ante el contacto físico, evitación de determinadas texturas en la ropa o los alimentos, distracción excesiva ante estímulos del entorno o reacciones de miedo ante el movimiento en situaciones cotidianas, como jugar en el parque o salir al recreo.

  • Hiporreactividad a la estimulación sensorial

    Algunos niños buscan de manera constante experiencias sensoriales intensas, como girar repetidamente, chocar intencionadamente con objetos o manipular con fuerza distintos materiales. En ocasiones pueden alternar entre respuestas de baja y alta sensibilidad ante los estímulos.

  • Nivel de actividad inusualmente alto o bajo

    Puede observarse una actividad motora excesiva y constante, con dificultad para permanecer quietos, o por el contrario, una activación lenta, tendencia al cansancio frecuente y baja energía para iniciar tareas.

  • Dificultades de coordinación

    Problemas de equilibrio y coordinación motora fina o gruesa, que se evidencian en actividades como recortar con tijeras, abotonarse la ropa, escribir o participar en juegos y deportes.

  • Retraso en el habla, el lenguaje o las habilidades motoras y académicas

    En edad escolar pueden aparecer dificultades en el rendimiento académico, a pesar de presentar un nivel intelectual dentro de la normalidad.

  • Dificultades en la organización del comportamiento

    Impulsividad, facilidad para distraerse, escasa planificación al realizar tareas y dificultades para adaptarse a cambios o nuevas situaciones. Pueden aparecer conductas de frustración, evitación o rechazo ante situaciones en las que el niño percibe fracaso.

  • Baja autoestima

    Algunos niños pueden mostrarse desmotivados, inseguros o evitar determinadas actividades porque no se sienten capaces. Es frecuente que se comparen negativamente con sus iguales y perciban que los demás realizan las tareas con mayor facilidad.